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El fichaje de Roelof Botha en SpaceX no es lo que parece

· Photo by Patrick Case on Pexels
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The former Sequoia Capital leader is filling an "existing vacancy" on SpaceX's board, days after the company went public in the largest IPO ever.

El fichaje de Roelof Botha en SpaceX no es lo que parece
Photo by Patrick Case on Pexels

Vale, colega, siéntate que te voy a contar un culebrón empresarial que ni el de la serie esa de los ricos. Resulta que Roelof Botha, el tío que era el mandamás de Sequoia Capital, acaba de aterrizar en el consejo de SpaceX. Y no, no es un fichaje random. Esto huele a movida de las finas.

Lo primero: Botha no llega como un recién llegado. Este tío y Elon Musk tienen historia. Se conocen de la época de PayPal, cuando Musk lo metió para gestionar las finanzas. O sea, que no es que se hayan conocido en un afterwork de startups. Hay confianza, y eso en el mundillo de los negocios vale más que un unicornio.

Pero el detalle jugoso no es solo quién es, sino cómo y por qué. SpaceX lo ha fichado para ocupar una vacante en el consejo. ¿Vacante? Venga ya, eso es el eufemismo del año. En realidad, Botha llega justo después de que SpaceX saliera a bolsa en la mayor OPI de la historia. Y con un Musk que controla más del 80% del poder de voto. Vamos, que el consejo es decorativo, como los muebles de IKEA que montas mal.

Lo que me mosquea es la parte de la familia. El documento oficial dice que un familiar de Botha trabaja en SpaceX desde enero de 2025, y que le pagan más de 120.000 pavos al año. ¿Coincidencia? En el mundo de los negocios, las casualidades suelen ser interesadas. Parece que Botha no solo trae experiencia, sino que también mete a los suyos en la nómina. No es ilegal, pero sí un poco turbio.

Y luego está el contexto. Botha dejó Sequoia el año pasado en medio del follón por los comentarios de su socio Shaun Maguire contra un candidato a alcalde de Nueva York. O sea, que el tío se fue de una empresa con problemas de imagen y ahora aterriza en otra donde el jefe es un imán de polémicas. Vaya cambio, de una tormenta a un huracán.

En resumen: Botha es un pez gordo, pero en SpaceX no va a mandar ni el color de las cortinas. Musk tiene el control absoluto. Así que este movimiento es más bien un gesto de confianza entre dos viejos conocidos, con un plus de nepotismo. Que cada uno saque sus conclusiones.

Según ha adelantado el medio TechCrunch AI.

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